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domingo, 29 de septiembre de 2013

LA SATISFACCIÓN DEL CLIENTE – EN SERVICIOS


La satisfacción del cliente es el objetivo final y la calidad es el camino para alcanzarla. La calidad objetiva”, sin referente, no existe. Y, por otra parte, resulta lógico que en mercados competitivos, orientados a la demanda, el referente sea el cliente y no los departamentos técnicos o comerciales de la organización.

 

 

Al hablar de calidad de servicio y satisfacción del cliente, se utilizan dos términos básicos cuyo alcance y significado interesa concretar:

 

ƒ     Servicio. El servicio comprende no sólo lo que se denomina servicio básico   sino otros múltiples servicios complementarios (información, seguimiento, facilidades de  contratación o atención, etc.) que son los que pueden diferenciar a una oferta respecto de su competencia y aumentar la satisfacción del cliente en relación con el servicio.

 

ƒ     Cliente. Es el que adquiere el producto y/o servicio, permite la continuidad del negocio y determina el valor añadido que se le presta. Pero el cliente no es sólo el que contrata el  servicio  puede ser  también  su  receptor  último.  

 

La primera constatación es que al hablar de calidad de servicio se está considerando algo más amplio que lo que podría ser un servicio básico de entregas, relativamente fácil de medir mediante unos indicadores objetivos. Por ejemplo, puntualidad a la entrega o recogida, número de piezas dañadas, paquetes extraviados, etc. El principal problema en cualquier enfoque de calidad de servicio es determinar de qué manera se puede medir ésta para que la organización que lo presta conozca si efectivamente el cliente está recibiendo el servicio que espera recibir.

 

Medir la calidad de un servicio comporta mayores problemas que medir la calidad de un producto físico (como un televisor) debido a que los servicios presentan tres características diferenciadoras:

 

Intangibilidad

 

No es fácil medir o probar un servicio para asegurar su calidad antes de prestarlo efectivamente. Normalizar la producción (mediante la aplicación de la norma ISO 9001, por ejemplo) es un buen sistema para acercarse a un nivel de calidad fijado, pero esto no resuelve totalmente el problema acerca de la idoneidad de ese nivel para satisfacer al cliente.

 

Heterogeneidad

 

Los servicios suelen variar de cliente a cliente, de manera que es difícil de mantener la consistencia en la prestación y puede haber diferencias entre lo que la organización intenta entregar y lo que recibe un cliente específico.

 

Inseparabilidad

 

La producción y el consumo del servicio coinciden en el momento de la prestación. La relación del personal que presta el servicio con el receptor es muy importante para la calidad. En el caso del transporte, el conductor forma parte a la vez del proceso de producción del servicio y del de la relación con el cliente.

 

 

Por otra parte, al mismo cliente le resulta más difícil evaluar la calidad de éstos que si se tratase de la de un producto industrial y, además, esta evaluación tiene generalmente en cuenta no sólo el resultado sino el proceso de prestación. Otro elemento de importancia es también el estado de las instalaciones y los medios, ya que son el soporte visible que utiliza el cliente para tratar de materializar lo que puede ser el servicio. Su grado de “creencia” (o confianza) en la calidad del resultado dependerá de lo que observe y aquí hay que subrayar la importancia del tándem conductor-vehículo como soporte para transmitir una mejor imagen del servicio.

 

Según los estudiosos de esta materia, se pueden distinguir cinco dimensiones o aspectos determinantes de la calidad de un servicio, como recoge el cuadro adjunto. Estos cinco aspectos engloban elementos internos a la organización que afectan a la producción del servicio (fiabilidad, tangibilidad y garantía) y otros que se refieren a la relación con el cliente externo (empatía y sensibilidad).

 

Fiabilidad

 

Es la habilidad para desempeñar el servicio prometido de manera precisa y fiable. Este elemento es cada día más importante en el transporte.

 

Garantía    

 

Engloba la preparación, la seguridad de los empleados en su desempeño y su habilidad para generar confianza.

 

Tangibilidad         

 

La apariencia de las instalaciones físicas, equipo, personal y dispositivos de comunicaciones.

 

Empatía     

 

La capacidad de sentir y comprender los deseos de otros, mediante un proceso de identificación, de atención individualizada al cliente.

 

Sensibilidad          

 

La capacidad de respuesta al cliente, dotándolo de un servicio oportuno.

 

Los aspectos determinantes de la calidad del servicio son importantes a la hora de medir el grado de satisfacción de los clientes. En las encuestas, la prestación del servicio suele dividirse en componentes (p. e. orden de transporte, organización del servicio, recogida, transporte, entrega, etc.) y a cada componente se le asocian atributos que pueden ser o bien directamente los determinantes de la calidad (estado de los vehículos, puntualidad en recogidas o entregas, etc.) anteriormente citados u otros que pueden finalmente referirse a ellos. Por tanto, siempre podremos tener indicadores más o menos agregados del grado en que se alcanzan los determinantes de la calidad.

 

Además de las características diferenciales de la calidad en los servicios respecto al caso de los productos físicos, otro tema de importancia en la literatura técnica es el de los modelos explicativos de la satisfacción del cliente.

jueves, 4 de julio de 2013

ATENCIÓN AL CLIENTE (PASO PREVIO A UN CRM)



La medida de la satisfacción del cliente y de sus expectativas es el punto de partida para una moderna estrategia de la calidad y, de hecho, debería ser la base del sistema de calidad de la organización. Esto conlleva numerosas acciones cuyo alcance depende del nivel de calidad que se quiera alcanzar.

 

Sin embargo, existen dos acciones a corto plazo que pueden contribuir a un gran incremento de la satisfacción del cliente sin un costo excesivo para la organización. Se trata del establecimiento de un Servicio de Atención al Cliente (SAC) y de un sistema de Garantía de la Calidad del Servicio. Estas dos acciones junto a planes específicos pueden considerarse los elementos centrales de la estrategia de atención al cliente.

 

Como es lógico, el establecimiento de un sistema de garantías debe contar con el soporte previo y/o paralelo de un Servicio de  Atención al  Cliente, que atenderá y estudiará las reclamaciones y decidirá sobre la aplicación de la garantía. Los estudios sobre otras experiencias, han demostrado que un SAC es más efectivo que campañas de publicidad y otras acciones de marketing. Y, además, que tiene mayores impactos a corto plazo.

 

El impacto de un SAC ha sido estudiado también desde otros puntos de vista. Por una parte, desde el punto de vista de su eficiencia: es mucho más barato retener a un cliente que conseguir otros nuevos, y en esta tarea un SAC puede ser un instrumento eficaz. En segundo lugar, un cliente descontento y no atendido provoca mucha más publicidad negativa hacia la organización que la positiva que realizan los clientes satisfechos. 

 

Resulta evidente que un SAC no puede organizarse simplemente en torno a la amabilidad y la sonrisa (aunque una formación adecuada de este personal es asunto clave para el éxito). Como parte de un sistema de gestión de la calidad, el SAC ha de estar en contacto con el conjunto de la organización para intentar resolver los problemas de los clientes y evitarlos en el futuro. En otro caso, se corre el riesgo de reproducir el antiguo enfoque de la calidad como inspección del resultado final a cargo de unos especialistas que no tienen capacidad de influencia sobre los procesos de la organización.

 

Un SAC puede estar constituido por un departamento amplio o por una persona, pero en todos los casos es importante diseñarlo teniendo en cuenta que se trata de un servicio específico. Además, En  ese  sentido, buena  parte  de  los  principios y  normas de  actuación pueden ser aplicadas a todos los empleados de la empresa para que actúen como si se tratase de un SAC ampliado.

 

En principio, un SAC habría de tener dos objetivos:

 

·         La atención de las reclamaciones de los clientes y la búsqueda de soluciones (o la compensación por los incumplimientos). Esta es una actividad reactiva.

·         El contacto con el cliente y la monitorización del mercado para ayudar a la detección de puntos críticos que requerirán mejoras internas en la organización así como el análisis del impacto que provocan en los clientes las mejoras introducidas en los servicios. Esta es una tarea proactiva.

 

Este servicio habría de considerarse primordialmente como una inversión y no un gasto (al menos, desde el punto de vista de la estrategia empresarial, que no de la contabilidad).

 

La puesta en marcha de un SAC no puede consistir en la creación de un departamento o sección más de la organización, con atribuciones y responsabilidades más o menos genéricas, sino que ha de diseñarse como si se diseñase, un producto o servicio nuevo. Esto supone tener en  cuenta desde sus diferentes procesos o  circuitos de  reclamaciones (circuitos rápidos o lentos), los criterios (atención centralizada, personal identificado, plazos de respuesta, etc.) hasta la conexión con los otros procesos de la organización a la formación específica del personal para estas tareas.